15 abril 2007

Stones

Aprende cómo lanzar una piedra al río, de la mano del mejor profesor en entretenimiento.

Skipping stones- Jim Henson

Under the sea

No puedo remediarlo: Sesame Street + The Beatles = Octopus´s Garden

Octopus´s Garden - Classic Sesame Street

Cita - Samuel Johnson

No importa la forma de morir, sino la de vivir. El acto de morir carece de importancia, ¡es tan breve! - Samuel Johnson

12 abril 2007

Agua

Despierta, al menos eso cree, su cuerpo pesa... como todos los días, cada vez se hace más difícil apoyar los pies en el suelo, pero una vez conseguido solo debe deslizarse. Acercándose al baño, adentrándose en él, abriendo los ojos entre guiños y la boca entre bostezos, buscando el cepillo de dientes, la pasta y el enjuague bucal. El cuerpo desnudo y descalzo aguarda un momento a que el agua de la ducha no sea tan fría como las losetas del suelo.
En sus manos el objeto más afilado que ha podido encontar en este cuarto. El agua de la ducha cae, resbala, empapando su piel, la sangre de sus muñecas cae, resbala, empapando la pared.

Queda adormecido por un tiempo, lo que tarda en cerrar y volver a abrir los ojos ¿un segundo, un día? el tiempo se desvanece, al menos se detiene. El espacio se reduce, el lugar deja de ser importante. El agua se congela en un instante, cayendo sobre su cabeza, instintivamente cierra el grifo... el efecto no es el mismo, los cortes pican, escuecen, ya no es lo mismo, las paredes se manchan de rojo, la bañera, a su alrededor todo.

Un suspiro traducido en resignación, un impulso a salir, malcurarse las heridas, cubrirse los brazos, seguir la rutina, marcharse al trabajo, cruzarse contigo, cuando vuelva tendrá que limpiar el baño, quién sabe, quizá lo consiga algún dia, quiza no lo haga más.



Jonathan Weiner

11 abril 2007

Hay un lobo en la cama









La última Caperucita Roja

El cuento del miércoles, un cortometraje musical llevado a cabo por Jan Kounen con la presencia de una preciosa Emmanuelle Béart. (Sigue siendo algo siniestro, pero es que si no no sería miércoles).
Dividido en 5 partes (para verlo mejooor...)

Le dernier chaperon rouge. (1996).




08 abril 2007

Bill Ward

Un domingo en la cama y al teléfono.

"I would have been home earlier except for a tire trouble, he didn´t tire easily!"




"Well, you might say I´m half in a half out!"


" Well, if you really don´t know how to thank me for a great evening... I have a suggestion...!"



"I fit into George´s arms all right - but I´m afraid I don´t fit into his income!"



06 abril 2007

Dibujos en la arena

¿Quién dijo que para dibujar se necesita lápiz y papel?
Absolutamente asombroso lo que Ferenc Cakó es capaz de contar con sus manos en la arena.

Génesis.

(Visita obligada por la galería)

The Sandman. El hombre de arena.

Homenaje a Sandman aquel personaje que vertía arena sobre los ojos de los niños provocando los sueños (recordar la popular canción). La presencia de legañas a la mañana siguiente era la prueba de que Sandman había estado esa noche en la habitación.
Hans Christian Andersen, en su cuento Ole Lukøje, previene que según haya sido el comportamiento del niño así será el sueño proporcionado por Sandman. Pero E.T.A. Hoffmann fue quien ofreció la visión más terrorífica del personaje, y es en este relato en el que Paul Berry se basó para hacer este corto:

The Sandman (1991).

03 abril 2007

Algunos días

Conejitos suicidas - Andy Riley

01 abril 2007

Pete Revonkorpi

Los sueños de un finlandés.

Toxic Boy

Tim Burton, también influido por las ilustraciones y relatos de Edward Gorey, escribió "La meláncolica muerte del chico Ostra", donde nos presentaba a unos niños muy especiales. Tomando a estos personajes, Burton realizó una serie de cortos, empleando animación en flash, en los que el protagonista es Stainboy. En este episodio aparece mi personaje preferido Roy, the toxic boy.

Stainboy- Chapter 2: The toxic boy

31 marzo 2007

Un mundo lleno de lobos

Los cuentos infantiles siempre fueron los más crueles.

Radiohead - A wolf at the door

Dibujos que recuerdan a Edward Gorey, lástima que la página de Gastón Viñas no funcione demasiado bien.

28 marzo 2007

El pozo y el péndulo

Trailer de una película de animación producida por Ray Harryhausen y dirigida por Marc Lougee, basada en el relato El pozo y el péndulo de Edgar Alan Poe. Extraordinaria.

The pit and the pendulum. (2006)

Un poco más de información aquí.

La culpa y el orgullo

Una nueva historia para la noche del miércoles, un relato de Edgar Alan Poe, con un narrador extraordinario James Mason.

The tell tale heart. (1953)
El corazón delator - Edgar Alan Poe
¡ Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco entonces? Escuchen... y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia.
Me es imposible decir cómo aquella idea me entró en la cabeza por primera vez; pero, una vez concebida, me acosó noche y día. Yo no perseguía ningún propósito. Ni tampoco estaba colérico. Quería mucho al viejo. Jamás me había hecho nada malo. Jamás me insultó. Su dinero no me interesaba. Me parece que fue su ojo.¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre... Un ojo celeste, y velado por una tela. Cada vez que lo clavaba en mí se me helaba la sangre. Y así, poco a poco, muy gradualmnte, me fui decidiendo a matar al viejo y liberarme de aquel ojo para siempre.
Presten atención ahora. Ustedes me toman por loco. Pero los locos no saben nada. En cambio... ¡si hubieran podido verme! ¡Si hubieran podido ver con qué habilidad procedí! ¡Con qué cuidado... con qué previsión... con qué disimulo me puse a la obra! Jamás fui más amable con el viejo que la semana antes de matarlo. Todas las noches, hacia las doce, hacía yo girar el picaporte de su puerta y la abría... ¡oh, tan suavemente! Y entonces, cuando la abertura era lo bastante grande para pasar la cabeza, levantaba una linterna sorda, cerrada, completamente cerrada, de manera que no se viera ninguna luz, y tras ella pasaba la cabeza. ¡Oh, ustedes se habrían reído al ver cuán astutamente pasaba la cabeza! La movía lentamente... muy, muy lentamente, a fin de no perturbar el sueño del viejo. Me llevaba una hora entera introducir completamente la cabeza por la abertura de la puerta, hasta verlo tendido en su cama. ¿Eh? ¿Es que un loco hubiera sido tan prudentecomo yo? Y entonces, cuando tenía la cabeza completamente dentro del cuarto, abría la linterna cautelosamente... ¡oh, tan cautelosamente! Sí, cautelosamente iba abriendo la linterna (pues crujían las bisagras), la iba abriendo lo suficiente para que un solo rayo de luz cayera sobre el ojo e buitre. Y esto lo hice durante siete largas noches... cada noche, a las doce... pero siempré encontré el ojo cerrado, y por eso me era imposible cumplir mi obra, porque no era el viejo quien me irritaba, sino el mal de ojo. Y por la mañana, apenas iniciado el día, entraba sin miedo en su habitación y le hablaba resueltamente, llamándole por su nombre con voz cordial y preguntándole cómo había pasado la noche. Ya ven ustedes que tendría que haber sido un viejo muy astuto para sospechar que todas las noches, justamente a las doce, iba yo a mirarle mientras dormía.
Al llegar la octava noche, procedí con mayor cautela que de costumbre al abrir la puerta. El minutero de un reloj se mueve con más rapidez de lo que se movía mi mano. Jamás, antes de aquella noche, había sentido el alcance de mis facultades, de mi sagacidad. Apenas lograba contener mi impresión de triunfo. ¡Pensar que estaba ahí, abriendo poco a poco la puerta, y que él ni siquiera soñaba con mis secretas intenciones o pensamientos! Me reí entre dientes ante esta idea, y quizá me oyó, porque le sentí moverse repentinamente en la cama, como si se sobresaltara. Ustedes pensarán que me eché hacia atrás... pero no. Su cuarto estaba tan negro como la pez, yaque el viejo cerraba completamente las persianas por miedo a los ladrones; yo sabía que le era imposible distinguir la abertura de la puerta, y seguí empujando suavemente, suavemente.
Había ya pasado la cabeza y me disponía a abrir la linterna, cuando mi pulgar resbaló en el cierre metálico y el viejo se enderezó en el lecho, gritando:
- ¿Quién está ahí?
Permanecí inmóvil, sin decir palabra. Durante una hora entera no moví un solo músculo, y en todo ese tiempo no oí que volviera a tenderse en la cama. Seguía sentado, escuchando... tal como o lo había hecho noche tras noche, mientras escuchaba en la pared los taladros cuyo sonido anuncia la muerte.
Oí de pronto un leve quejido, y supe que era el quejido que nace del terror. No expresaba dolor o pena... ¡oh, no! Era el ahogado sonido que brota del fondo del alma cuando el espanto la sobrecoge. Bien conocía yo ese sonido. Muchas noches, justamente a las doce, cuando el mundo entero dormía, surgió de mi pecho, ahondando con su espantoso eco los terrores que me enloquecían. Repito que lo conocía bien. Comprendí lo que estaba sintiendo el viejo y le tuve lástima, aunque me reía en el fondo de mi corazón. Comprendí que ya había estado despierto desde el primer leve ruido, cuando se movió en la cama. Había tratado de decirse que aquel ruido no era nada, pero sin conseguirlo. Pensaba: "no es más que el viento en la chimenea... o un grillo que chirrió una sola vez." Sí, había tratado de darse ánimo con esas suposiciones, pero todo era en vano. Todo era en vano, porque la Muerte se había aproximado a él, deslizándose furtiva, y envolvía a su víctima. Y la fúnebre influencia de aquella sombra imperceptible era la que le movía a sentir -aunque no podía verla ni oírla- a sentir la presencia de mi cabeza dentro de la habitación.
Después de haber esperado largo tiempo, con toda paciencia, sin oír que volviera a acostarse, resolví a abrir una pequeña, una pequeñísima ranura en la linterna. Así lo hice -no pueden imaginarse ustedes con qué cuidado-, hasta que un fino rayo de luz, semejante al hilo de la araña, brotó de la ranura y cayó de lleno sobre el ojo de buitre.
Estaba abierto, abierto de par en par... y yo empecé a enfurecerme mientras le miraba. Le vi con toda claridad, de un azul apagado y con aquella horrible tela que me helaba hasta el tuétano. Pero no podía ver nada de la cara o el cuerpo del viejo, pues, como movido por un instinto, había orientado el haz de luz exactamente hacia el punto maldito.
¿No les he dicho ya que lo que toman erradamente por locura es sólo una excesiva agudeza de los sentidos? En aquel momento llegó a mis oídos un resonar apagado y presuroso, como el que podría hacer un rreloj envuelto en algodón. Aquel sonido también me era familiar. Era el latir del corazón del viejo. Aumentó aún más mi furia, tal como el redoblar de un tambor estimula el coraje de un soldado.
Pero, incluso entonces, me contuve y seguí callado. Apenas si respiraba. Sostenía la linterna de modo que no se moviera, tratando de mantener con toda la firmeza posible el haz de luz sobre el ojo. Entretanto, el infernal latir del corazón iba en aumento. Se hacía cada vez más rápido, cada vez más fuerte, momento a momento. El espanto del viejo tenía que ser terrible. ¡Cada vez más fuerte, más fuerte! ¿Me siguen ustedes con atención? Les he dicho que soy nervioso. Sí, lo soy. Y ahora, a medianoche, en el terrible silencio de aquella antigua casa, un resonar tan extraño como aquél me llenó de un horror incontrolable. Sin embargo, me contuve todavía algunos minutos y permanecí inmóvil. ¡Pero el latido crecía cada vez más fuerte, más fuerte! Me pareció que aquel corazón iba a estallar. Y una nueva ansiedad se apoderó de mí... ¡Algún vecino podía escuchar aquel sonido! ¡La hora del viejo había sonado! Lanzando un alarido, abrí del todo la linterna y me precipité en la habitación. El viejo clamó una vez... nada más que una vez. Me bastó un segundo para arrojarle al suelo y echarle encima el pesado colchón. Sonreí alegremente al ver lo fácil que me había resultado todo. Pero, durante varios minutos, el corazón siguió latiendo con un sonido ahogado. Claro que no me preocupaba, pues nadie podía escucharlo a través de las paredes. Cesó, por fin, de latir. El viejo había muerto. Levanté el colchón y examiné el cadáver. Sí, estaba muerto, completamente muerto. Apoyé la mano sobre el corazón y la mantuve así un largo tiempo. No se sentía el menor latido. El viejo estaba bien muerto. Su ojo no volvería a molestarme.
Si ustedes continúan tomándome por loco dejarán de hacerlo cuando les describa las astutas precauciones que adopté para esconder el cadáver. La noche avanzaba, mientras yo cumplía mi trabajo con rapidez, pero en silencio. Ante todo descuarticé el cadáver. Le corté la cabeza, brazos y piernas.
Levanté luego tres planchas del piso de la habitación y escondí los restos en el hueco. Volví a colocar los tablones con tanta habilidad que ningún ojo humano -ni siquiera el suyo- hubiera podido advertir la menor diferencia. No había nada que lavar... ninguna mancha... ningún rastro de sangre. Yo era demasiado precavido para eso. Una cuba había recogido todo... ¡ja,ja!
Cuando hube terminado mi tarea eran las cuatro de la madrugada, pero seguía tan oscuro como a medianoche. En momentos en que se oían las campanadas de la hora, golpearon a la puerta de la calle. Acudí a abrir con toda tranquilidad, pues ¿qué podía temer ahora?
Hallé a tres caballeros, que se presentaron muy civilmente como oficiales de policía. Durante la noche, un vecino había escuchado un alarido, por lo cual se sospechaba la posibilidad de algún atentado. Al recibir este informe en el puesto de policía, habían comisionado a los tres agentes para que registraran el lugar.
Sonreí, pues... ¿qué tenía que temer? Di la bienvenida a los oficiales y les expliqué que yo había lanzado aquel grito durante una pesadilla. Les hice saber que el viejo se había ausentado a la campaña. Llevé a los visitantes a recorrer la casa y los invité a que revisaran, a que revisaran bien. Finalmente, acabé conduciéndolos a la habitación del muerto. Les mostré sus caudales inactos y como cada cosa se hallaba en su lugar. En el entusiasmo de mis confidencias traje sillas a la habitación y pedí a los tres caballeros que descansaran allí de su fatiga, mientras yo mismo, con la audacia de mi perfecto triunfo, colocaba mi silla en el exacto punto bajo el cual reposaba el cadáver de mi víctima.
Los oficiales se sentían satisfechos. Mis modales los habían convencido. Por mi parte, me hallaba perfectamente cómodo. Sentáronse y hablaron de cosas comunes, mientras yo les contestaba con animación. Más, al cabo de un rato, empecé a notar que me ponía palido y deseé que se marcharan. Me dolía la cabeza y creía percibirun zumbido en los oídos; pero los policías continuaban sentados y charlando. El zumbido se hizo más intenso. Hablé en voz muy alta para librarme de esa sensación, pero continuaba lo mismo y se iba haciendo cada vez más clara... hasta que, al fin, me di cuenta de que aquel sonido no se producía dentro de mis oídos.
Sin duda, debí de ponerme muy pálido, pero seguí hablando con creciente soltura y levantando mucho la voz. Empero, el sonido aumentaba... ¿y qué podía yo? Era un resonar apagado y presuroso... un sonido como el que podía hacer un reloj envuelto en algodón. Yo jadeaba, tratando de recobrar el aliento, y, sin embargo, los policías no habían oído nada. Hablé con mayor rapidez, con vehemencia, pero el sonido crecía continuamente. Me puse en pie y discutí sobre insignificancias en voz muy alta y con violentas gesticulaciones; pero el sonido crecía continuamente. ¿Por qué no se iban? Anduve de un lado a otro, a grandes pasos, como si las observaciones de aquellos hombres me enfurecieran; pero el sonido crecía continuamente. ¡Oh, Dios! ¿Qué podía hacer yo? Lancé espumarajos de rabia... maldije... juré... Balanceando la silla sobre la cual me había sentado, raspé con ella las tablas del piso, pero el sonido sobrepujaba todos los otros y crecía sin cesar. ¡Más alto... más alto... más alto! Y entretanto los hombres seguían charlando plácidamente y sonriendo. ¿Era posible que no oyeran? ¡Santo Dios! ¡No, no! ¡Claro que oían y sospechaban! ¡Sabían... y se estaban burlando de mi horror! ¡Sí, así lo pensé, y así lo pienso hoy! ¡Pero cualquier cosa era preferible a aquella agonía! ¡Cualquier cosa sería más tolerable que aquel escarnio! ¡No podía soportar más tiempo sus sonrisas hipócritas! ¡Sentí que tenía que gritar o morir, y entonces... otra vez... escuchen... más fuerte... más fuerte... más fuerte... más fuerte!
-¡Basta ya de fingir, malvados! -aullé-. ¡Confieso que lo maté! ¡Levanten esos tablones! ¡Ahí... ahí! ¡Donde está latiendo su horrible corazón!
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La dualidad de sentimientos presentados en este relato fue magistralmente llevado a la pantalla por Alfred Hitchcock en Rope (La soga) donde Phillip Morgan (interpretado por Farley Granger) se muestra inseguro, temeroso y acobardado mientras que Brandon Shaw (interpretado por John Dall) está orgulloso y satisfecho, tanto que desea ser admirado.
Guardar un secreto nunca es fácil, sentir que sabes algo que otro desconoce puede darte la impresión de superioridad, pero un secreto, lo es por algo, y la temeridad advierte de las consecuencias. De ahí que el personaje de Poe no se vea como un loco, sino como alguien que tomó una decisión.

25 marzo 2007

Yosuke Ueno

"The most important thing when I paint is to be careful" - Yosuke Ueno.
Y eso se nota.







La oveja Shaun (Aardman)

Seguimos con Aardman, visto el corto anterior no lo asociaríamos con los adorables Wallace & Gromit. Me encantan estos personajes y agradezco a soy yo por mostrarme los episodios de Shaun, the sheep (personaje que aparecía en la aventura de Wallace y Gromit - Un esquilado apurado) y que ya tiene su propia serie. En YouTube ya aparecen 20 episodios.

Shaun, the sheep - Timmy in a tizzy (episodio 4)

21 marzo 2007

Un cuento

Un relato de terror para la noche del miércoles:

The cat with hands.

18 marzo 2007

El primer largometraje animado

Por si alguien aún se lo preguntaba, el primer largometraje de animación de la historia se realizó en Argentina.
Nacido en Italia, pero emigrado a Argentina a la edad de cuatro años, Quirino Cristiani fué caricaturista de prensa contratado por Federico Valle quien le proporcionó la posibilidad de realizar cortometrajes que gustaron y que facilitaron que el 9 de noviembre de 1917 se estrenara El Apóstol, el primer largometraje de animación de la historia. Su argumento: Indignado por la decadencia moral de los argentinos, el presidente electo Hipólito Yrigoyen sueña con ascender al Olimpo, convertido en el apóstol de la redención nacional. Tras discusiones con los dioses, el presidente obtiene un rayo de Júpiter para incendiar la ciudad de Buenos Aires y reconstruirla. Finalmente todo es un sueño y el presidente despierta en la realidad.
En 1929 Cristiani elaboró otro largometraje en la que volvía a burlarse del presidente Yrigoyen, cuyo título hacía referencia al apodo del presidente: Peludópolis. Estrenada el 16 de septiembre de 1931, convirtiéndose en el primer largometraje animado sonoro de la historia.
En 1938, el escritor Constancio C. Vigil, le pidió que rodara una versión cinematográfica de uno de sus relatos cortos (El mono relojero). La película no tuvo éxito, por lo que la idea de hacer más adaptaciones se truncó. Poco a poco Cristiani fue dejando su labor como animador.
Tristemente, en la actualidad, no existen originales ni copias de sus películas, parece ser que se quemaron junto con su estudio. Quedan algunos escritos, bocetos y algún material pudo salvarse, aunque no sea lo mejor, resulta simpático:

El mono relojero (1938).


Bibliografía: Cartoons. 110años de cine de animación. Giannalberto Bendazzi.

11 marzo 2007

Audrey Kawasaki

Ilustraciones para un domingo tranquilo.